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PRIMERO
Ocupar toda la superficie del asiento, sólo así nos apoyaremos correctamente en el respaldo.
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SEGUNDO
Ajustar la altura del respaldo para que el refuerzo lumbar de la silla se adapte correctamente a la “S” que forma nuestra columna vertebral.
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TERCERO
Ajustar de forma exacta la altura del asiento hasta conseguir que los brazos descansen, en paralelo sobre la mesa, y formen ángulo recto con el codo. Los pies deben estar en total contacto con el suelo y las rodillas deberán formar un ángulo de 90º.
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CUARTO
Sentarse dinámicamente. Es decir, utilizar una silla o un sillón que ofrezca la posibilidad de cambiar constantemente de postura (recta, inclinada y reclinada). Evitaremos la presión lateral negativa de los discos intervertebrales y el cansancio que dicha presión provoca.
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